
Las entrevistas realizadas por la periodista de La Vanguardia Ima Sanchís nos permiten acercarnos al pensamiento y los sentimientos de cincuenta y nueve mujeres excepcionales: biólogas, escritoras, cantantes, filósofas, maestras espirituales, víctimas de guerra, activistas de las causas más nobles y diversas. "El don de arder" descubre a los lectores las apasionantes vidas de un grupo de mujeres que han hecho y siguen haciendo posible -a través de su lucha por un mundo mejor- que sus ideales, su defensa de la libertad de expresión y su sed de justicia sean hoy ejemplo para todos nosotros. Hay aquí testimonios de mujeres valientes, de vidas conmovedoras, a veces desconcertantes pero siempre llenas de sentido, que han sabido hacer frente a su situación con una fuerza y una ternura fuera de lo común. Porque cuando las mujeres se ponen en marcha y dicen "basta" no hay obstáculo que las detenga.
Se trata de una obra en la que quedan recogidas siete años de trabajo de Ima Sanchís, tiempo en el que ha recorrido rincones de Oriente Próximo, de la Europa del Este, de África, de Hispanoamérica o de España, entrevistando para su periódico a estas mujeres cuyo nexo de unión es "la fuerza y la valentía insólita para afrontar las circunstancias con originalidad. Aman la vida y todo lo que hay en ella", dice la autora. "No responden a ninguna condición social o cultural común, algunas son analfabetas, otras son escritoras, cantantes, o personas normales y corrientes con una vida muy dura a la que han sabido sobreponerse con dignidad y con una fuerza interior llena de creatividad para luchar por la libertad o contra la injusticia". Así, pasan por esta galería de retratos que Sanchís presenta con una pequeña introducción, Neus Catalá (Tarragona, España, 1915), una mujer que pasó su juventud en el infierno del campo de concentración de Ravensbrück, el mayor campo de exterminio nazi de mujeres y niños, y que ahora, a sus 89 años, le dijo a Sanchís que "sin espíritu de venganza pero sí de justicia" quería recordar al mundo antes de morirse. "El infierno que viví lo viven actualmente, de una u otra forma, muchos millones de personas en el mundo", aseguró. Helen Prejean es otras de estas mujeres, una religiosa estadounidense que acompaña a los condenados a muerte hasta la silla eléctrica y les dice: "Tú mírame a los ojos", para que se puedan ir con la imagen de su sonrisa. Pero también están las palabras de Kim Phuc, la niña vietnamita que, con nueve años, dio la vuelta al mundo por ser la protagonista de la foto en la que se la veía correr gritando de dolor por las quemaduras provocadas por el napalm. |